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El 13 de julio de 2025 bajo un sol abrasador, en plena ola de calor histórica, miles de personas peregrinaron a Humanes de Madrid para vivir la segunda edición de CODE Summer Festival, el evento más ambicioso de la historia reciente de Fabrik. Tras el éxito rotundo del año anterior, la marca se enfrentaba al difícil reto de consolidarse en su apuesta como festival veraniego.
Desde la apertura de puertas a las 12:00 del mediodía, Fabrik demostró que había preparado el terreno para una maratón electrónica. Más de 60 artistas repartidos en sus seis áreas —Main Room, Open Air, Area 19, Hangar, Crystal y Satélite—, una oferta musical sin tregua, zonas de descanso, una producción visual y sonora impecable, y una organización afinada al milímetro. Todo estaba dispuesto para una jornada de más de 24 horas ininterrumpidas de Techno, Hard techno, House, groove, schranz y sus múltiples vertientes, y para los que aún quieran guerra con su matinal en el Hangar, ya entrado el domingo.
A las 16:00 de la tarde el sol caía con fuerza sobre Humanes y el ambiente empezaba a cargarse de energía en el Open Air. En esta zona, la jornada arrancó con una sesión muy especial a cargo de Nuke, uno de los pilares de CODE, que ofreció un set contundente con guiños a la vieja escuela, conectando perfectamente con el público más fiel de la marca. A continuación, The Advent & Sterac ofrecieron uno de los momentos más celebrados del día con su 90’s Classic Set, una actuación cargada de referencias al pasado que encendió la nostalgia colectiva con bombos crudos, líneas ácidas y estructuras rítmicas que recordaban por qué los noventa fueron tan importantes para el techno. La atmósfera fue absolutamente vibrante y puso el listón muy alto para lo que vendría después. Por el Open Air además pasaron 2 clásicos de nuestra escena como son Cristian Varela y Pepo, el energético live! de Stef Mendesidis y un elegante italiano que nunca falla, Sam Paganini.

El viaje continuó ya anocheciendo a la Main Room, un espacio que vibró con algunas de las sesiones más intensas y simbólicas de la noche. A las 00:00, el escenario recibió a una auténtica leyenda del techno de Detroit: Robert Hood. Fundador del mítico sello Underground Resistance junto a figuras como Jeff Mills o «Mad» Mike Banks, Hood lleva décadas marcando la pauta del minimal techno con alma, un sonido que él mismo ayudó a definir y que ha influenciado a generaciones enteras de productores y DJs. Su sesión en CODE fue una lección de elegancia y precisión. Con bajos rotundos, estructuras limpias y un groove hipnótico, construyó una narrativa sonora que iba más allá del baile: era historia viva del techno desplegándose frente a nosotros.

La sala, completamente entregada, se encontraba ya en un punto de ebullición ideal para recibir al siguiente artista de la noche: Rødhåd, que completó este bloque de oro con una actuación profunda y atmosférica, desplegando su característico techno denso, emotivo y contundente. Pero para entonces, el relato ya había sido escrito por dos generaciones distintas: la de una leyenda de Detroit y la de un joven talento europeo que viene pisando muy fuerte.

Una de las zonas con más afluencia incluso con colas de espera fue el Hangar donde Oscar Mulero programó una noche de artistas acompañado en los visuales del artista Efren Mur. Oscar abrió y cerró el área dándonos la posibilidad de disfrutar del mismo artista en 2 momentos distintos. El primero, aún con luz natural colándose tímidamente por las puertas, fue una clase magistral de techno mental, progresivo y envolvente, un warm-up con alma que respetó cada compás como si estuviera escribiendo un prólogo necesario para todo lo que vendría después. Mulero, siempre sobrio, siempre preciso, tejió una atmósfera de tensión contenida, ideal para abrir paso a una noche cargada de BPMs.

Pero fue su cierre, ya con el sol de nuevo sobre el horizonte, el que nos dejó absolutamente hipnotizados. Lejos de buscar el golpe fácil o el dramatismo de lo predecible, el madrileño optó por un techno de corte oscuro, con mucho groove, con estructuras ricas y líneas percusivas que mantenían a la sala en una especie de trance colectivo. Cada transición era quirúrgica, cada drop milimétrico. Cerró como solo saben hacerlo los grandes: con la pista entregada hasta el último segundo y con la sensación de que el tiempo se había suspendido entre sus manos.
Acompañándole Dasha Rush, Isabel Soto, Saint Sinner y Sandwell District
La noche se adentró en su fase más intensa cuando nos dirigimos a la Sala Satélite, un espacio que, aunque más contenido en tamaño respecto a otras salas de Fabrik, se convirtió en un verdadero templo del sonido y de la técnica durante varias horas. Allí presenciamos dos de los sets más memorables y técnicamente sobresalientes de todo el festival.
Primero, el b2b entre Helena Hauff y Adiel, dos artistas con una visión muy personal del techno, que encontraron un lenguaje común en una sesión íntegramente a vinilo. En una época dominada por el formato digital, ver a dos DJs dominar con tanta soltura y seguridad la mezcla analógica es todo un privilegio. Los platos giraban con precisión quirúrgica mientras ellas desplegaban un arsenal sonoro que oscilaba entre el electro oscuro, el acid techno abrasivo y el techno industrial más cortante, sin perder nunca el hilo narrativo.

Pero si algo elevó esta sesión a otro nivel fue la impecable ecualización y calidad de sonido de la Sala Satélite. El sistema respondía con una claridad asombrosa, sin frecuencias que se solaparan, sin saturaciones ni excesos. Los bajos golpeaban con contundencia sin emborronar el resto del espectro; los agudos eran nítidos, brillantes, pero sin fatigar; y los medios llenaban la sala con una calidez envolvente. La coordinación entre las artistas y los técnicos fue tan precisa que parecía coreografiada. Cada corte, cada mezcla, cada subida o bajada de intensidad encontraba su sitio exacto, como si la sala hubiese sido diseñada específicamente para ese momento.
El nivel de exigencia había quedado altísimo, pero aún quedaba otra joya sonora: el set de Freddy K. El Alemán es conocido por su enfoque purista y pasional del techno, y su amor por el vinilo es casi religioso. Lo demostró una vez más en Fabrik, donde ofreció un set maratoniano, cargado de energía, precisión y actitud. Los discos se sucedían uno tras otro a una velocidad vertiginosa, mezclados con una fluidez que solo la experiencia —y un oído absolutamente entrenado— pueden permitir.
Con un ritmo incesante, Freddy K sumergio al público en un viaje de loops, texturas y percusiones hipnóticas que no daba tregua. Pero lo más impresionante fue cómo, pese a la intensidad, todo sonaba limpio, vibrante y perfectamente balanceado. Aquella noche, la Satélite no solo fue una sala más del festival: fue una clase magistral de técnica y sonido, una catedral techno en miniatura donde cada beat tenía peso, cada mezcla sentido y cada transición, propósito.

En el Area19 los ritmos duros y rápidos tenían su casa, desde los infiernos cargado de fuego llegó el live! de Snts, además un b2b de Shlomo con Cera Khin y un cierre con Baswell.

Pero esto no había acabado ni mucho menos, aún quedaba la Cristal con clásicos del Hard Techno como No Dolls, Fran Kvita o los simpáticos Pet Duo

Lo vivido el pasado sábado fue una declaración de intenciones, una reafirmación de que CODE en FABRIK puede traer a Madrid su propio Festival en verano, aprovechando sus espacios y su experiencia durante el año para asegurar una buena experiencia a sus asistentes con unos Line Ups que son la envidia de muchos Festivales playeros.
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